UN MOMENTO BDSM I

AZÓTAME

Pones en mi mano la fusta,
y con el silencio de tus ojos ardientes,
sin mover los jugosos labios apenas,
me pides que lo haga,
expresando tu deseo más privado,
más oculto,
más innombrable.

Con voz melosa,
le das alas de voz
a tu pensamiento.

Azótame.

Quieres que yo sea tu amo,
cuando la dominadora eres tú realmente,
poniendo en mis manos la fusta
con la que me envistes de un rol que temo,
que me da miedo,
del que creo no estar a la altura
de lo que esperas.


Y, sin embargo,
las líneas sensuales de tu cuerpo
me dicen que siga a delante,
que no tienes miedo,
que me deseas,
que el placer de tu deseo.

Y doy comienzo a este juego,
con la fusta en mi mano,
acariciando lentamente
con largos y delicados movimientos
tu piel,
dejando la marca rojiza
de un suave restallido
allí donde la carne desea que la mancille
con el seco movimiento de mi mano,
que no es más que la extensión visible
de los latidos de ese corazón descarado
que es mi miembro
ardiente y trémulo
entre mis piernas.


Veo tu placer resbalando
como un hilo de plata
por el interior de tu muslo,
burlando a la gravedad para descender a su ritmo
como él quiera
y no como manden las leyes de la gravedad.

Mientras,
el mío palpita con fuerza
en el interior de la celda de mis pantalones,
aullando como un lobo
en la negrura de la noche,
exigiendo su liberación
para comenzar a cazar.

Y,
como una fiera,
me arrojo sobre ti,
te muerdo la piel,
te monto por la espalda,
incapaz de contener el lado más irracional de mi ser,
converso de lo evolucionado
y moderno a lo primitivo,
un bruto animal salvaje
que embiste tu sexo con fuerza
mientras mis dientes se hunden con fuerza
en la piel de tu espalda.


Mi presa,
mi dueña.

Pese a la bestial fuerza
de mi lado animal rugiendo desencadenado,
confías en mí
y me permites depositar un velo sobre tus ojos,
convertida en halcón sobre mi puño,
con mi verga empalándote
en toda tu profundidad
en brutales envites que te arrancan
profundos gemidos de placer.

Confías en dejarme llevar esta situación
porque sabes lo consciente que soy
de que quien domina realmente esta situación
eres tú,
mi diosa,
que sólo te basta una palabra
para hacer que mi corazón se detenga,
un simple susurro entre tus gemidos
es suficiente para detenerme en seco
si hay algo que no te cause placer.

Entonces,
mientras me agito en ti,
mientras muerdo tu carne
y saboreo tu sangre
y me deleito con tu placer,
mareado por el éxtasis del contacto eléctrico con tu piel,
me pregunto
quién domina realmente a quién
en este momento BDSM.

Esclavo de tus deseos,
tigre encadenado a ti,
al fuego de tu pasión,
al hielo de tu amor,
al calor de tus labios,
a la fuente cristalina
que mana de tu vulva voraz
que me somete y me devora
cada instante que mi falo pasa entre tus piernas,
aplastado por el peso de tus suspiros
y la música celestial de tus gemidos de placer
en cada embestida de mis caderas.

De fondo,
de nuevo,
tu petición que pienso cumplir
con el flagelo de mi miembro
sobre tu carne.

Azótame.

MATTHEW BELLAMY-The International OST (Ending Titles)



© Copyright 2015 Javier LOBO.Todos los derechos reservados.

7 comentarios:

soraya monforte dijo...

Sensual, erótico y excitante con una música que va de menos a mas al igual que el poema. Gracias por compartirlo. Besos

Mary Ann dijo...

Maravilloso, como siempre.
Me encantó ese momento de entrega total, cuando además reconoces que es ella quien domina... Y también esa fuerza animal, respetando siempre el placer por encima de todo, por encima incluso de ti. Y la música...
Gracias de nuevo por compartir tus escritos. Besos Javier.

Begoña Barrio Calviño dijo...

Realmente excitante

Dayana Rosas dijo...

Vaya. . . Sin palabras. . . No sé qué decirte.

patricia mejia dijo...

SORPRENDENTEMENTE EROTICO Y BELLO

yayone guereta dijo...

Exquisito relato. Felicitaciones, Javier.
Excitado beso versado.
Un abrazo.

Bibi Maria dijo...

Delicioso y bello relato...gracias por compartir

 

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