DE LO PROHIBIDO V

EN UNA MIRADA

En una mirada desatas mi pasión,
mi lujuria desenfrenada de tu carne dulce,
de postrarme ante ti
y beber tu néctar salado manando,
¡oh, exquisito manjar!,
de entre tus piernas,
brisa del Mediterráneo en mi piel.


Me miras
como el fruto maduro en el campo,
mecido por el aire,
creando ondas invisibles
con el contoneo de tus caderas,
ofidio tentador,
promesa de mil pecados distintos,
todos ellos bajo el germen del placer del sexo.

Poder masturbarte a placer,
despacio y deprisa,
deteniendo el mundo
a cada caricia de mis yemas 
obre tu clítoris,
paseando mis dedos a cada centímetro
de la delicada carne de tus pliegos,
resbalarme en tu humedad,
hasta hundir mis dedos en tu océano.


Agitarme como un pez en tus aguas,
sintiendo tus paredes apretar mis dedos
mientras avanzan y retroceden entre tus piernas,
atrapados en tu humedad,
resbalando dentro de ti,
como un falo de múltiples cabezas,
una hidra de placer
que te devora y te conduce
por ese sendero que te gusta recorrer
en mis manos.


Soy el miembro entre tus piernas,
soy el falo que te embiste y te penetra,
resbalando por ese sinfín de anillos
con el que quedan recubiertas
las paredes de tu región más secreta,
aquel paraíso perdido por descubrir,
un nuevo continente por colonizar,
en el que esparcir mi semillas,
en el que hundirme
y perderme dentro de ti,
en una deliciosa locura lujuriosa.

Espero el momento de máxima humedad
para retirar mi mano
y abatirme sobre tu sexo
como un vampiro ávido de tu cuello
y succionar el placer que nace entre tus pliegos,
llenarme los oídos de tus gemidos,
¡oh, delicioso cantar de ángeles!,
y sentir mi verga endurecida alzar el vuelo,
con su prieta boca púrpura
húmeda por la emoción,
dejando un reguero de plata
por la superficie de su piel.



De fondo, musa de mi placer,
te oigo gritar mi nombre
y suplicarme con palabras salvajes
que te folle,
que te tome,
que te haga mía una vez más.
En mi entrepierna,
la tensión es máxima,
dolorosa,
un dulce tormento
que me esfuerzo en prolongar,
tanto es el placer que me proporciona.

Mientras,
sigo besando los labios de tu vulva
como si fueran los de tu rostro,
paladeando cada instante,
recorriendo con mis labios los tuyos,
recogiendo tus humedades en mi boca,
jugueteando con la punta de mi lengua en tu clítoris,
introduciéndola de cuando en cuando
entre las páginas del libro de tu sexo.

¡Oh, sí, mi diosa!
¡Oh, sí, mi musa!


Y, en mi momento de máxima tensión,
con la gracilidad de quien no es de este mundo,
te resbalas por entre mis brazo
y atrapas mi verga entre tus manos,
frotándola contra tus turgentes pechos,
caricia mamaria que me disloca,
rompiendo mis esquemas
cuando siento tu lengua nerviosa
adueñarse de mi polla
y deleitarse con ella como un caramelo,
bebiendo del néctar de plata
que va manando lentamente
del extremo de mi falo.


Es un masaje maravilloso,
es un mensaje sin palabras,
es una fiebre la que me invade
mientras tus pechos me oprimen,
sintiendo su calor,
mientras no dejo de succionar
el caldo salino que mana de tus profundidades,
como Thor bebiendo
del cuerno que jamás se vaciaba,
sin cansarme de beberte,
sin cansarme de tu sabor.


Para entonces eres tú
la que me ha tomado completamente,
recorriendo el puente de mi verga
que une el cielo con la tierra
de un extremo a otro,
endureciendo aún más su estructura,
haciendo aflorar de mí todo el placer,
los gritos incontrolados y salvajes con los que te llamo,
con la boca llena de tu sal,
el rostro brillante
por la pintura de tu éxtasis.


Ahora somos los dos
los que bebemos al unísono
el uno del otro,
enchufado a tu boca,
acoplado a tu vulva,
devorándonos por segundos,
con la respiración entrecortada,
sin poner coto a nuestro placer,
sin permitir que los segundos pasen balde,
no dejando un instante sin explorar
y regalarnos con una nueva mota de placer
en el polvo estelar de este cosmos
que estamos creando con nuestros fluidos.


Mareado por el placer,
quiero seguir,
no quiero detenerme aquí,
quiero morir entre tus piernas,
ebrio de placer, loco por tu carne,
pleno de amor por ti,
y te regalo el fruto de mi placer,
mi esperma manando
de la fuente de mi falo en tu boca,
con el deseo de que te alimente,
de que le fuego de tu lujuria no se extinga,
como la ambrosía de tu flujo en mi paladar
excita aún más el mío.



Porque esto no ha hecho más que empezar,
y se ha desatado con solo una mirada...

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© Copyright 2015 Javier LOBO. Todos los derechos reservados.

4 comentarios:

soraya monforte dijo...

Enhorabuena!!! Es un relato muy erótico, excitante y muy sensual el cual deja a tu imaginación volar. Q

Mary Ann dijo...

Sabes que me encanta. Gracias por regalárnoslo. Millones de besos...

Dayana Rosas dijo...

Pues. . . No sé qué decir. . . Ja ja ha. .. solo madre mía. Me encanto.

Dayana Rosas dijo...

Pues. . . No sé qué decir. . . Ja ja ha. .. solo madre mía. Me encanto.

 

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