EN LAS ENTRAÑAS

EN LAS ENTRAÑAS

La urbe es un monstruo
con sangre de asfalto,
lágrimas de mercurio
y veneno a flor de piel,
que nos observa
con ojos de cristal
ocultos tras espejos
que deforman la realidad
e impiden
que veamos
la gran verdad.

Las entrañas de la Bestia
albergan bacterias y bacilos,
virus patógenos infecciosos
que se extienden
como un lento carcinom
que lo va devorando todo a su paso,
acabando con los tejidos
vivos y sanos,
reduciéndolo todo
a una masa putrefacta y hedionda
de la que se nutren
los carroñeros
que visten de lino y seda.

He paseado
por las entrañas de la Abominación
con paso lento y firme,
he olido su podredumbre,
he visto su decadencia,
he sentido su miedo,
me ha vomitado su odio,
me ha envuelto
con sus telarañas de mentiras,
me ha untado
con los afeites de sus espejismos,
me ha embaucado
con los embustes de sus cantos de sirena.

Soy un leucocito
en un sistema cardiovascular de asfalto,
soy un depredador
en una jungla en la que soy el trofeo,
soy el último hombre vivo,
soy el contendiente a batir,
soy la primera y la última línea de defensa
de las personas buenas y civilizadas.

Soy el Cristo
al que los fariseos
y los falsos profetas
están deseando crucificar
con clavos de ira y desprecio
en una cruz de dolor.

Soy la plaga en sus venas
con un fin salvador,
soy la vacuna inoculada
para su redención.


La ciudad me arroja
bolas de fuego y diluvios universales,
me muestra los ojos de la Gorgona,
intenta transmutarme
en estatua de sal
ante la destrucción de Sodoma y Gomorra.

Soy una víctima
de la picadora de carne
que es el Monstruo,
empujo la piedra
como Sísifo hacia la cumbre,
robo el fuego de los dioses
como Prometeo,
me tiendo sobre la pira envenenado
como Heracles
antes de resurgir como el fénix.

Es un pulso entre la criatura y yo,
eterno e imparable.
Sé que nunca le derrotaré,
pero no dejaré de levantarme
una y otra vez,
aguantando sus envites,
mostrándole el mentón
con firmeza a la vida.

Soy el guardián,
por elección propia.
Es mi bendición.
Es mi maldición.



© Copyright 2014 Javier LOBO

1 comentarios:

Carles Alba Gris dijo...

Este es bastante parecido a "Paseando mi alma por los tejados" en el fondo (la decadencia de cuanto nos rodea), pero la forma es bien distinta. Aquí no hay surrealismo onírico ni tenues sentimientos de esperanza, sino hábiles referencias mitológicas y una fuerte actitud de desafío, casi como en un apóstrofe. Quizá me rechina un poco la nomenclatura científica en un texto tan poético, aunque también entiendo que la intención es la de establecer un contraste marcado. Vaya, qué "tésnico" me estoy poniendo últimamente...

 

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