UN MOMENTO DE REFLEXIÓN

UN MOMENTO DE REFLEXIÓN

Me siento una vez más
ante la pared de niebla,
ante el altar de luz,
dibujando tu recuerdo en mis ojos,
escuchando tu voz en mis oídos,
sintiendo el tacto de tu piel
en las yemas de mis dedos.

La tempestad de sentimientos
que me invade cuando pienso en ti
es atronadora e imparable,
me sacude como una rama seca,
y no puedo reprimir los recuerdos
ni las sensaciones
implosionando en mí.

Pienso en ti
y te quiero decir "te quiero",
pero tú ya no lo escucharás.

Pienso en ti
y te quiero abrazar una vez más,
pero no volverás a depositar
tus palmadas en mi piel.

Pienso en ti
y quiero imprimir otro beso
en tu rostro diáfano y sonriente,
pero ya no están allí las recias mejillas
para recibirme.

Pienso en ti
y escucho tus risas,
pero no son más que ecos
en las cavernas de mis recuerdos.

Pienso en ti y lo único
que puedo hacer es reprimir mis lágrimas,
porque no soy digno de derramarlas por ti,
porque fui indigno,
porque no te traté
con el amor y la devoción
que tú libaste sobre el estéril cuenco
del hijo que fui.

Pienso en ti
y se me hace un nudo en la garganta
con el que lucho continuamente.

Pienso en ti
y quiero decirte una última vez
un "te quiero" que no puedo pronunciar
porque ya no me dirás otra vez,
con tu profunda voz,
mi anhelado "y yo también".

Pienso en ti
y no puedo dormir tranquilo
con la certeza de abrir los ojos
y verte encorvado sobre la mesa,
vestido con tu sempiterna bata negra,
recuerdo impreso en mi memoria
desde mi más tierna infancia,
haciendo tus crucigramas,
o algún invento,
o alguna manualidad.

Pienso en ti
y sólo puedo recordarte,
porque ya no puedo descolgar el teléfono
y decirte qué trastadas ha hecho
el benjamín de tus nietos,
o cómo va el que adoptaste
como el "abuelo gruñón".

Cierro los ojos
e intento soñarte una vez más,
pero ya no llamas a las puertas de mis sueños.

Y te quiero tanto...

Y te echo tantísimo de menos...

Ya no puedo sino sentarme
en la oscuridad de mi alma,
dentro de la inmensa biblioteca
de mi palacio interior,
mientras refulgen los rayos
de la tormenta que arrecia en el exterior,
en un fútil intento por exorcizar

los demonios de mi interior
en este trance que me posee.

Ya no puedo sino evocarte
con una canción
cuando cierro mis ojos,
como ahora...
Murray Head - Say It Ain't So, Joe


© Copyright 2014 Javier LOBO

2 comentarios:

soraya monforte dijo...

Cuanto sentimiento y cariño demuestran tus palabras. Precioso poema que me han puesto los pelos como escarpias y me han emocionado. Enhorabuena.

Isabel P.Salas dijo...

Este poema no sólo es bonito Javier, es puro y decente como es el cariño valiente.
Tu padre te enseñó ser un hombre y eso te hace un ser privilegiado, muchas personas deben aprender solas, así que eres doblemente afortunado, por haber tenido ese magnífico padre y por poseer la habilidad de transmitir escribiendo esos bellos sentimientos.
Te dejo un ramito de besos.

 

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