UN GRAN HOMBRE

UN GRAN HOMBRE

Hoy se hablará
durante horas
en honor a tu memoria,
pero fuiste injustamente
relegado y olvidado,
apagaron tus brillantes luces
con intensas sombras
aquellos que no supieron valorarte
o que,
sabiendo de tu valía,
no querían
que tu impronta
los enmudeciera.

Un farallón en la montaña
te vio nacer,
tierra áspera y fría
sobre roca desnuda,
que evoca una paz y tranquilidad
en el pensamiento y en el espíritu
que siempre te acompañó.

Viste la tierra
empaparse con la sangre de los hermanos
y teñirse de escarlata
y entendiste
que no hay peor crimen
que el de dividir
una familia
por motivos egoístas.
Mirabas el pasado y el saber olvidado,
pero adorabas el juego del balón
como el tierno zagal
de aquellas cumbres que eras.

Te convertiste al servicio público.
Serviste a mil hijos sin nombre y sin cara
con amor,
admiración
y devoción,
aunque nunca te lo supieron agradecer,
como solemos hacer
con los padres
los hijos
cuando aún no hemos sido devorados
por el engranaje de la vida.

Entonces llegó tu momento

De tu mano soplaron
vientos de cambio y libertad,
amanecesres nuevos
para una piel de toro
ya ajada y arrugada,
reseca por el paso de las centurias
y vencida
por el peso del odio
y el rencor pasados.
Con tu humilde
valor rompiste cadenas
y sacaste a la luz aquello
que en sombras
se vio obligado a morar.

Y no te lo supieron agradecer.

Unos hijos ingratos
dijeron que eras
pervivencia del Régimen pasado;
otros vástagos que no te querían mejor
dijeron que eras demasiado blando
para ser de la sangre del águila.

Soportaste envites crueles,
dejaste de lado a los tuyos para,
como padre,
concentrarte sobre el hijo
más débil y descarriado.
Procuraste traerlos a la luz,
de vuelta al sendero firme y recto,
a la seguridad del hogar.

Pero tampoco te escucharon.

El peso abrumador
te obligó a elegir
y decidiste que era tiempo de dejar
que otro se sentara
bajo la espada de Damocles.
Pero también hubo
quien se negó
a aceptar aquello.

Se visten de verde los conjuradores,
deshonrando el uniforme y el Cuerpo,
el cargo y el juramento,
asaltaron el palacio del pueblo unos,
lideraron los caballos de metal
en las calles
otros.
Escuchaste los estampidos atronadores
mientras un viejo general
forcejeba y demostraba
el inmenso valor
que un cuerpo quebrado
por el pasar de los años
podía albergar.

Pese al miedo y a la ira,
decidiste que tu sitio
era al lado del de tus hijos,
y permaneciste sentado,
impasible,
impertérrito,
dispuesto a dar
hasta tu último aliento
por la salvación de tu prole,
por el destino de muchos
contra el capricho de unos pocos,
compromiso
con aquella Historia
de la que tanto disfrutaste.

Fue tu último gran destello.

Luego vinieron los años grises
y, finalmente,
la oscuridad.
En las tinieblas,
como criaturas acechantes
en los fondos abisales,
te aguardaron los reveses más crueles.
El devorador de almas
se llevó primero una esposa,
luego una hija,
y en el invierno de tu vida,
poco a poco,
en silencio,
sigiloso como una sombra,
tu memoria.

No recordabas quién eras
en tus últimos días,
pero es que tus hijos
ni siquiera se acordaban
de su padre.

Hoy se ha apagado tu luz,
hoy ha ascendido tu alma a las alturas.
Yo,
en silencio,
te lloro,
porque eras mi persona muy querida,
pese a que nunca te conocí.
Pero sí tuve a una persona que,
como tú,
sufrió en silencio
la ausencia de amor de sus hijos,
pese a su devoción de padre.

Hoy te recibirá en los Cielos,
con los brazos abiertos,
el que fuera el autor de mis días,
y podréis disfrutar,
como hubiera querido,
de intensas tertulias juntos.

Luis te recibirá,
Adolfo.
Hoy he perdido
a mi segundo padre
y yo,
en silencio,
como ya te he dicho antes,
una vez más,
os lloro a ambos,
tan grandes sois
en la Historia
y en mi humilde corazón.

Adiós,
hasta siempre,
en mi corazón.



© Copyright 2014 Javier LOBO

1 comentarios:

Carles Alba Gris dijo...

Al principio estaba pensando en escribir simplemente"Uau", ya que es lo que mejor definiría cómo me he quedado después de leerte, pero eso no habría resultado muy útil como comentario, así que permíteme alabar el excelente uso que haces de la metáfora y el simbolismo, la fuerza transmitida en los sentimientos que expresas o el amor por la historia que evidencian tus palabras. Ah, y una cosa más: uau.

 

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